La disputa entre los detractores y los apóstoles del fotograma completo normalmente acababa al hablar de precios y necesidades. Las pocas réflex full-frame existentes eran -hasta ahora- muy caras y especializadas, alejadas del fotógrafo aficionado. El amateur adinerado y el profesional más ahorrador tienen ahora más a mano un formato completo con la EOS 5D de Canon. Casi 13 megapíxeles de resolución y un factor de multiplicación de 1x son sus principales armas, pero no las únicas. 3 fotogramas por segundo y una nitidez de imagen mejorable, algunos de sus defectos.
Aunque más megapíxeles no son sinónimo de más calidad, es cierto que algunas disciplinas fotográficas requieren un tamaño de imagen enorme. Igualmente, aunque para muchos el factor de multiplicación -o recorte- es una bendición del cielo, otros claman por usar sus angulares como antaño: sin perder un ápice de ángulo de cobertura.
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De todos es sabido que adquirir una cámara réflex de formato completo era, hasta hace no mucho, una tarea casi imposible. Bien por el desmedido importe, que fácilmente superaba los 6.000 euros, o bien por la mediocre calidad de algunos modelos.
Del mismo modo que el formato APS-C copó el panorama digital (máquinas profesionales de un millón de pesetas, primero; cámaras de gama media y medio millón, después; modelos para aficionados a un precio relativamente bajo, para terminar), el full-frame sigue su pauta.
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Una vez convencidos los profesionales con la EOS-1Ds Mark II, les toca el turno a los fotógrafos de altos vuelos y bolsillo apretado y a los aficionados más dilapidadores. La EOS 5D es una cámara de formato completo, bastante mejorable en sus prestaciones (esa ráfaga tan corta…) y con un precio aún elevado, pero al alcance de muchos fotógrafos más.
Podría vaticinarse que el formato completo llegará al aficionado de campo y playa en un futuro cercano, pero ésa ya es otra historia.
Consideraciones previas
A pesar de que Canon cedió a QUESABESDE.COM la EOS 5D con unos cuantos meses de retraso y un objetivo 70-300 mm f4-5.6 IS (nadie dejaría un F1 para probar con neumáticos de turismo), los objetivos utilizados para este análisis son los que siguen: 14 mm f2.8; 16-35 mm f2.8; 17-35 f2.8; 17-40 mm f4; 24-70 mm f2.8; 50 mm f1.4; 70-200 mm f2.8 IS; 200 mm f1.8, y el ya citado 70-300 mm f4-5.6 IS.
Aunque la EOS 5D no es una cámara especialmente concebida ni para el fotógrafo aficionado ni tampoco para el profesional, ambos podrán beneficiarse de ella. Respecto a su uso principal, nuestro análisis invita a pensar que se trata de una SLR principalmente creada para fotografía de estudio y social, esto es, para cualquier modalidad fotográfica que no requiera especialmente de una enorme velocidad de respuesta.
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Los grandes logros fotográficos, como el sensor de fotograma completo, requieren que toda la cámara reme en la misma dirección y con la misma intensidad, cosa que la EOS 5D no hace. Por este motivo -y quizás para evitar inflar su precio-, la EOS 5D es una cámara de ráfaga lenta, de enfoque también relativamente lento y poco apta para la fotografía de acción.
Aun así, hemos probado este modelo en un partido de baloncesto; hemos hecho moda con ella; nos la hemos llevado a un par de saraos, e incluso a varias ruedas de prensa. Ha sufrido lo suyo y ha dejado claro dónde están sus virtudes y dónde sus carencias.
Un cuerpo con curvas
A medio camino entre la EOS 30D (o la EOS 20D, por cuestión de fechas) y la serie EOS-1D, la EOS 5D ofrece una buena primera impresión, recordando a las ya antiguas EOS-1 sin motor. Un pequeño vistazo a los mandos -especialmente el dial de modos, la ausencia de empuñadura de serie o la falta de una pantallita de referencia rápida para datos como la sensibilidad o el balance de blancos- nos hace recordar rápidamente que se trata de una réflex profesional “de segundo nivel”, aunque sea sólo externamente.
La aleación de magnesio invita a confiar en el buen agarre y resistencia, aunque no hemos tenido ocasión de comprobar este segundo punto. El empleo de la cámara resulta cómodo y agradable, y los controles más importantes pueden manipularse sin necesidad de separar el ojo del visor.
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La EOS 5D sigue contando con la excelente rueda de control secundaria -mucho más fácil de ajustar que las que integran las réflex de Nikon- y una enorme pantalla -en esto de las pantallas grandes, Nikon fue más rápida- de 2,5 pulgadas y 230.000 puntos de resolución, capaz de aumentar la imagen grabada hasta 10 veces. El nivel de detalle que ofrece es simplemente excelente.
La luminosidad de la pantalla puede modificarse fácilmente (es algo oscura por defecto). Mayor que en otros modelos anteriores, ofrece múltiples datos de cada toma, incluido un histograma de luminancia y por canales de color, cosa que otros modelos -la EOS 20D, sin ir más lejos- no tienen.
Además, sirve de acogedor domicilio de los menús de ajuste, permitiendo -como gusta a los profesionales- variar un buen puñado de parámetros técnicos para que sea cada fotógrafo quien adapte la cámara a sí mismo, y no al revés.
Múltiples posibilidades
Haciendo un pequeño inciso y dejando el aspecto externo aparcado un par de párrafos, a través de estos menús -incómodos de ver y bastante más difíciles de manejar- la EOS 5D permite modificar valores en una escala de nueve puntos, como la saturación, el contraste o el tono de color, así como elegir entre siete niveles de nitidez (nos permitimos recomendar ajustarlo a cinco o seis por defecto).
Añadido a esto, la EOS 5D incorpora de fábrica una serie de ajustes prefijados: modo retrato, paisaje, neutro, fiel… los ideales, según Canon, para realizar fotografías en todo tipo de situaciones. Incluso está disponible un modo monocromo y otro sepia, ambos difíciles de ver en una cámara SLR con vocación profesional. Y no podían faltar, desde luego, tres modos que el usuario puede configurar con sus ajustes favoritos.
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Todavía en el capítulo de los ajustes personales, la EOS 5D ofrece dos espacios de color (sRGB y Adobe RGB) y la posibilidad de realizar un ajuste fino del balance de blancos mediante un eje de abscisas y ordenadas, pudiéndose asignar con total precisión una dominante de mayor o menor intensidad a las fotos. Incluso es posible efectuar un “bracketing” del balance de blancos para asegurar el tiro.
Por último, pero no menos importante, esta EOS ofrece hasta 20 opciones técnicas personalizables, que van desde la posibilidad de superponer imágenes hasta determinar el modo en que funciona el dial trasero.
Como buena full-frame que es, el visor óptico es enorme comparado con lo que estamos acostumbrados los fotógrafos de cámaras con sensor APS-C. Ofrece más del 95% de cobertura, con una imagen clara y nítida que evita tener que dejarse los ojos en la búsqueda de un detalle.
Con varias pantallas intercambiables, la EOS 5D ofrece en el visor un nutrido grupo de datos, desde la importantísima exposición hasta el número de fotos que caben en el buffer mientras se dispara de forma continuada.
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Desprovista de flash de tipo pop-up -no hay más espacio, dicen en Canon-, la EOS 5D ofrece una zapata para flashes externos -el funcionamiento con el Speedlite 580EX es excepcional- y una conexión para flashes de estudio oculta tras una pequeña cubierta de plástico.
En otro plano, pero siempre hablando de la apariencia externa de la EOS 5D, encontramos una bayoneta metálica EF (no es EF-S, evidentemente) que permanece firmemente fijada al chasis y que no ha ofrecido problema alguno durante nuestras pruebas, incluyendo aquí el montaje rápido del potente 200 mm f1.8 L.
Enfocando
El enfoque de este modelo no es especialmente rápido, y demuestra que la EOS 5D no es una cámara de acción. De todas formas, es bastante preciso, incluso en el modo continuo.
Nuestras pruebas nos han llevado a un vibrante partido de baloncesto profesional y los resultados no han sido para nada malos, aunque están lejos -eso sí- de los conseguidos con otras máquinas de vocación fotoperiodística. En cualquier caso, este aspecto depende mucho del objetivo utilizado, aunque el uso de una óptica ultrasónica de Canon no sea un factor tan determinante como lo pudiera llegar a ser en la EOS-1D Mark II.
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Nueve puntos de enfoque componen un rombo en el centro del visor, y a nuestro juicio están un poco apiñados (no vendría mal que estuvieran algo más separados, especialmente para realizar encuadres que buscan los tercios de la imagen).
Un detalle importante es que la EOS 5D incorpora seis puntos de enfoque adicionales, no visibles ni seleccionables, que son utilizados para el enfoque continuo-predictivo y que valoran el desplazamiento del sujeto a enfocar.
La batería recargable de ión de litio de la EOS 5D, por otro lado, es una pequeña unidad que dota a la cámara de una excelente autonomía y que puede presumir de una velocidad de recarga bastante acelerada. Aunque no hemos tenido ocasión de hacer una prueba en condiciones de laboratorio de la batería incluida -desconocemos la cantidad de recargas que había sufrido ya-, las pruebas a ojo han resultado más que sobresalientes.
Adentrándonos en las profundidades
Escapando de la cáscara que la identifica como la full-frame más asequible del mercado actual, la EOS 5D se arma con un sensor CMOS de tamaño completo y 12,8 megapíxeles de resolución efectiva. Escoltado por un procesador DiGIC II, este captor supone un salto cuantitativo respecto a otras cámaras teóricamente superiores, rebasando incluso a la que fue la primera full-frame profesional de Canon, la EOS-1Ds.
Remarcamos una vez más que este sensor, al ser de formato completo, no ofrece factor de multiplicación de la focal. Otra consecuencia de ello es que resulta mucho más fácil encontrar aberraciones y deformaciones en las imágenes, pues la cámara emplea la superficie completa -o casi completa- del objetivo y no sólo la parte central, como hacen las cámaras con factor de recorte.
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Es decir, una cámara con factor de recorte, al contar con un sensor más pequeño, utiliza una parte más pequeña de las lentes del objetivo, precisamente la parte central, la zona de máxima calidad de una óptica. En el caso de la EOS 5D, al usar un sensor grande, se aprovecha todo el objetivo, incluidos los bordes, que son las zonas más susceptibles de distorsionar la imagen y brindar peor calidad.
Con un tamaño de imagen de 4368 x 2912 puntos, la EOS 5D permite realizar disparos en formato RAW y JPEG de forma separada o simultánea, desterrando el TIFF de serie al mundo del olvido de una vez por todas.
El tiempo de grabación en la tarjeta, eso sí, no es nada rápido: son necesarios 20 segundos para tomar una nueva foto tras lanzar una ráfaga completa de 17 fotos en RAW, y algo más de un minuto para vaciar el buffer por completo (utilizando tarjetas CompactFlash Kingston de 50x).
Dicho esto, la pregunta es quién necesita 17 disparos consecutivos en RAW o 60 en JPEG para fotografía de estudio. También nos preguntamos por qué no hay un zócalo para tarjetas SD Card, si ése era uno de los grandes aciertos canonistas de los últimos modelos profesionales…
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En cuestiones de calidad de imagen, la EOS 5D no depara demasiadas sorpresas. Exceptuando la perceptible pérdida de nitidez en las capturas, que requiere -como ya hemos dicho- de una modificación de la nitidez por defecto o de aplicar una máscara de enfoque algo agresiva, la calidad de imagen final es más que sobresaliente. La reproducción tonal es casi perfecta y el rango dinámico, más que acertado, gracias al tamaño del sensor y sus fotodiodos.
Eso sí, la diferencia entre usar objetivos de la serie L y objetivos más de andar por casa se nota, y mucho. Esta máquina pide calidad, antes de dar calidad.
En el capítulo de la sensibilidad, la EOS 5D ofrece el versatilísimo abanico de 100 a 1600 ISO, con dos valores forzados -por arriba y por abajo- que permiten extender el rango a 50 y 3200 ISO. El ruido electrónico es una molestia apenas perceptible en este modelo, cuyas distintas sensibilidades son perfectamente utilizables.
Un mundo en color
La cuestión del color, muy importante para una cámara con visos de vivir en un estudio o, por lo menos, rodeada de flashes de gran calibre, es tomada muy en cuenta en la EOS 5D. Así, aparte de los dos espacios de color ya citados, esta cámara permite realizar un ajuste fino del matiz de color, con el que se corrigen dominantes que luego darían muchos quebraderos de cabeza en un ordenador.
Y hablando de colores, un parámetro tremendamente importante es el balance de blancos. La 5D incorpora, como no podía ser de otro modo, un buen surtido de balances prefijados, además de la posibilidad de realizar un ajuste manual y otro en escala de grados Kelvin.
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Como se ha señalado antes, también puede efectuarse un ajuste fino del balance, invitando a hacer un “bracketing” con él, tal y como se haría con la exposición de la cámara.
Algo floja en los escenarios con luz incandescente, especialmente con el balance automático, la EOS 5D no puede decir que los modos prefijados sean su punto fuerte. De todas formas, cabe esperar que cerca de una cámara como ésta no ande muy lejos un termocolorímetro para hacer las delicias de propios y extraños y ofrecer -con la ayuda la escala de grados Kelvin- una reproducción del color perfecta.
Un sólido primer paso
Tras años utilizando angulares que no son tal, es gratificante descubrir cuán angular es realmente un 17 milímetros y todo lo que nos perdemos por culpa del factor de recorte de las cámaras de sensor APS-C.
La Canon EOS 5D invita a pasar por esta experiencia. Sus capturas no son demasiado nítidas -el retoque es la solución- y su velocidad de disparo no es su fuerte, pero sin duda ofrece calidad de imagen, buenos colores, un rango dinámico muy elevado y poco -poquísimo- ruido electrónico.
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Ésos son sus puntales, y difícilmente la EOS 5D decepcionará en este sentido. Si bien sigue siendo algo cara, la primera full-frame de gama media no podía ser económica (aunque Canon podría, al menos, haber incorporado una empuñadura desmontable de serie).
TEXTO y FOTOS: Eduardo Parra
Información de: www.quesabesde.com
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