Nikon D80
- octubre 15th, 2007
- Publicado en Cámaras
- Por B2
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La D80 es un soplo de aire fresco para los nikonistas, un poco apretados entre la D200, algo cara, y la excesivamente sencilla D70. Situada justo por debajo de la primera de ellas, aunque con unas características -y un precio- que poco le tienen que envidiar, la D80 aparece en el mercado dispuesta a enamorar tanto a fotógrafos aficionados como profesionales. Con 10 megapíxeles de resolución, ráfagas de 3 fotogramas por segundo y una sensibilidad calibrada de 100 a 1600 ISO -además de un valor forzado de 3200 ISO-, cabe preguntarnos a quién le hace la competencia: ¿a las EOS 30D y 400D de Canon o a la Alpha A100 de Sony? ¿O quizás a la mismísima D200?
Según Nikon, la D80 se sitúa entre la D70s y la D200. Sin definirse claramente como cámara para el aficionado avanzado ni como modelo de gama semiprofesional, las especificaciones de este cuerpo se mueven, precisamente, en esa frontera que separa ambos mundos. Tal como sugiere el título de este análisis, bien podría decirse que la D80 ofrece las ventajas de una máquina de gama semiprofesional por un precio que actualmente se acerca -sólo el cuerpo- a los 800 euros.Sin duda alguna, la ráfaga de 3 fotogramas por segundo no rezuma profesionalidad. Pero la construcción del cuerpo marca claras distancias respecto a la D50 o la más actual D40. Dejándose querer por todos, aficionados y profesionales, nos preguntamos si la D80 será competencia de Canon, Sony u Olympus, o si, por el contrario, el duelo se librará en el seno de la propia firma nikonista.
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Hoy por hoy, es inevitable fijarse en la Canon EOS 400D cuando uno ojea el escaparate réflex. Aunque a nuestro juicio son cámaras que juegan en ligas distintas, está claro que la D80 nace con una desventaja: carece del sistema de limpieza de sensor que ha acabado por popularizarse entre la mayoría de modelos de este segmento.
Ése es el primer “handicap” de una cámara que, visto lo visto, tendrá que esforzarse para demostrar que sus atributos -con o sin sistema de limpieza del sensor- hacen de ella una compra acertada.
Ultrazoom
Presentado junto a la D80, el nuevo Nikkor 18-135 mm f3.5-5.6 DX ha sido el objetivo empleado para realizar esta prueba. De hecho, esta óptica forma uno de los kits propuestos por la compañía (el otro paquete incluye el conocido zoom de 18-70 milímetros) en los primeros compases comerciales de la máquina.
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Con un enfoque automático relativamente lento y algo ruidoso para la era SWM, el cristal de 18-135 milímetros es un todoterreno bastante adecuado para los aficionados que no deseen invertir demasiado. La calidad general es más bien baja, pero razonable.
Botox y cirugía
Sostener la D80 por primera vez es una sensación cómoda y agradable. De diseño muy similar al resto de las SLR de Nikon, las características de esta cámara recuerdan a las de la exitosa Nikon D100. De hecho, a primera vista podría dar la sensación que la D80 es casi una D100 rejuvenecida a base de botox y cirugía: un refinado de líneas por aquí, un aumento de pantalla por allá, un implante de nuevas baterías por el otro lado… Son similares, pero la D80 rezuma mucha más modernidad.
Y eso es buena señal. Si la D100 ya dio muchas satisfacciones hace unos años, la D80 puede ser una pequeña bomba para el bolsillo más agujereado.
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La D80 ofrece un cuerpo de plástico con un diseño propio, claramente influenciado por otros modelos de la marca. De tamaño medio, aunque ligeramente menor que la D70, la nueva réflex nikonista se deja agarrar con firmeza. Aunque el dedo meñique queda -como casi siempre- en una posición un tanto molesta, no llega al nivel de incomodidad de otros cuerpos SLR más diminutos.
Por fortuna, parece que Nikon ha prestado atención a las voces de los usuarios y ha dotado a este modelo de una empuñadura opcional. Dicho accesorio, aparte de dar mayor seguridad en el agarre -como en la D200-, incluye un disparador y mandos verticales para poder hacer algunas tomas con mucha más comodidad.
Además, también permite utilizar dos baterías de forma simultánea, duplicando -evidentemente- la autonomía, o bien colocar seis pilas de tamaño AA mediante un adaptador de serie para poder salir airosos de eventuales emergencias.
Menús sencillos
A la hora de trabajar, el manejo que brinda la D80 es cómodo. Dotada de un número no demasiado elevado de mandos y botones, este modelo deja el lado izquierdo de la pantalla para los ítems importantes, como los ajustes de la sensibilidad y el balance de blancos o el acceso a los menús.
A diferencia de otros modelos, el lado derecho aparece prácticamente vacío, dejando lugar únicamente al botón de bloqueo de la exposición, a una segunda rueda de selección -importantísima y olvidada en modelos de otras marcas-, a un multiselector y al botón de confirmación de opciones.
El resto de botones imprescindibles -medición, autofoco, selector de ráfaga o compensación- se han trasladado a la parte superior, junto al monitor de cristal líquido.
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Este panel, desaparecido ya en réflex de gamas inferiores, permite conocer de un solo vistazo todos los parámetros básicos de la cámara, desde el número de fotos que caben en la tarjeta de memoria al modo de trabajo, hasta la calidad del archivo o el tipo de medición.
La pantalla, precisamente, crece respecto a las D70 y D70s, situándose ya en las estandarizadas 2,5 pulgadas y los clásicos 230.000 puntos de resolución. De un brillo y nitidez excepcionales, ofrece unos colores muy reales y un potente nivel de ampliación durante la revisión de las tomas almacenadas en la tarjeta SD Card.
Los menús que refleja el monitor son una herencia de los modelos nikonistas de gama profesional más recientes; están agrupados por categorías y su uso es tremendamente sencillo e intuitivo.
El ojo que todo lo ve
El visor resulta bastante grande y luminoso, y llega protegido por un ocular de goma. Su apariencia promete más solidez que el de la D100, que se caía con excesiva facilidad.
Dotado de una guía de encuadre que puede ocultarse, apenas se aprecia viñeteo al mirar a través de este visor, que contiene varios datos de exposición fácilmente legibles. Dicha información, eso sí, es bastante pobre: se limita a la obturación, el diafragma y el número de fotos restantes.
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En el visor también aparecen avisos puntuales sobre el uso de la sensibilidad automática -aunque no indica el valor-, el estado de carga del flash o la compensación de la exposición. En otras palabras: muchas advertencias, pero poca información útil.
Los modos de trabajo de la D80 son los mismos que los de cualquier otra réflex de gama media o baja. Un modo totalmente automático o las diversas escenas permitirán a los neófitos sumergirse sin problemas en la fotografía réflex, mientras que las prioridades y el obligado modo manual harán las delicias de aquellos que tienen la teoría bien aprendida. El saber mucho o no saber nada -de fotografía- ya no es excusa.
Editando en la cámara
Pensada especialmente -como ya hemos dicho- para los fotógrafos menos expertos, la D80 cuenta entre las opciones de su funcionamiento con la posibilidad de aplicar una serie de efectos digitales tras la captura. La idea es que el usuario pueda mejorar -o simplemente modificar- una imagen sin necesidad de pasar por el ordenador.
Así pues, la D80 incorpora ajustes de tono, un par de filtros, la posibilidad de recortar o montar fotos -sólo en formato RAW- o la opción de utilizar la tecnología D-Lighting para corregir las luces y las sombras. Con esta última opción, pueden obtenerse unos resultados parecidos a los conseguidos -por ejemplo- con el filtro “Luces y sombras’” de Photoshop.
En lo que a velocidad de disparo se refiere, la D80 “presume” de los mismos números que la D100, su antepasada paleolítica: 3 fotogramas por segundo. Eso sí, la ráfaga se mantiene hasta 24 disparos en formato JPEG y 6 en RAW. Si es suficiente o no, esto dependerá de las perspectivas de cada usuario.
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Lo cierto es que para la mayoría de los fotógrafos a los que va dirigida esta cámara, una cadencia como ésta es más que suficiente. Sin embargo, para el fotógrafo profesional que utilice la D80 como segundo cuerpo, es muy probable que esta cifra se quede algo corta.
El módulo de enfoque integrado en la D80 es el conocido Multicam 1000, heredado de la D200, que ofrece un total de 11 puntos de enfoque. El rendimiento de la cámara en este campo no puede decirse que sea lento; de hecho, es más que suficiente para el fotógrafo aficionado. La lámpara de ayuda al autofoco, eso sí, es más molesta que realmente útil.
El sensor, otra evolución
Con 10,2 megapíxeles de resolución, la D80 se equipara a la D200 en este apartado. De hecho, su sensor CCD es aparentemente idéntico al de su hermana mayor, aunque desde Nikon se asegura que se trata de una nueva versión. El tamaño -cómo no- se mantiene firme en el formato DX de la compañía, con una multiplicación focal de 1,5x para los objetivos acoplados.
En cualquier caso, con un tamaño máximo de imagen de 3872 x 2592 puntos, la D80 almacena las tomas realizadas en tarjetas SD Card o MMC, una sutil manera de marcar distancias con la D200. Los formatos empleados son el JPEG y el RAW, o ambos de forma simultánea.
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Con un amplio rango de sensibilidades comprendido entre 100 y 1600 ISO, además de un valor sin calibrar equivalente a 3200 ISO, las imágenes capturadas por la D80 destacan -en general- por un bajo nivel de ruido. Incluso podemos emplear la velocidad de 1600 ISO sin que la calidad de la toma se resiente en exceso.
Además, el sistema de reducción de ruido funciona de forma bastante aceptable, y los efectos secundarios que acarrea para la nitidez de la imagen son tolerables. A la vista de los resultados, nos atrevemos a afirmar que, al menos con la D80, Nikon tiene poco que envidiar a Canon en lo que a ruido electrónico se refiere.
Demasiadas dominantes
El rendimiento del balance de blancos es, posiblemente, el punto más débil de la D80. Las muestras publicadas dejan patente que, salvo con luz blanca, la D80 no está a la altura de las circunstancias cuando trabaja con el modo automático de balance de blancos. Las dominantes amarillas en escenas con luz de tungsteno o fluorescente son demasiado evidentes.
Los modos prefijados para cada tipo de luz, por otro lado, muestran un rendimiento algo mejor, aunque el concebido para luz fluorescente deja un poco que desear e invita a realizar un ligero ajuste fino para obtener colores absolutamente reales.
Mas allá del color, la D80 ofrece un nivel de nitidez bastante respetable, sin que modelos superiores como la D200 -e incluso otras cámaras de la serie D2- tengan mucho que echarle en cara. En cualquier caso, nos permitimos recomendar que siempre que se realicen las capturas en formato JPEG se aumente el parámetro de nitidez para alcanzar mejores resultados.
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Por lo demás, pocos detalles que añadir. El flash de tipo pop-up, de liberación automática o manual, siempre es bienvenido y su efectividad es más que aceptable. La interactividad con las unidades de flash externas SB mediante el estándar iTTL es fascinante, y acredita -una vez más- que Nikon sigue a años luz del resto de marcas en lo que a iluminación -valga la redundancia- se refiere.
Respecto a la autonomía, el consumo que brinda la batería EN-EL3e de ión de litio está muy ajustado: abusando de objetivos estabilizados y pantalla, hemos contabilizado que pueden realizarse cerca de 800 fotos. Además, no hay que olvidar el siempre útil medidor porcentual de la autonomía, tan característico de las réflex de Nikon.
El enemigo en casa
Sin duda, la D80 ha pasado su examen con nota. Equipada con un buen objetivo (pide algo más que ese 18-135 milímetros de andar por casa), esta réflex supone una dura competencia para la Sony Alpha A100, la Canon EOS 400D e incluso la EOS 30D. Y también -lo dejábamos entrever al principio- para la Nikon D200.
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Una excelente relación calidad-precio, unas prestaciones que poco -o nada- tienen que envidiar a las de la D200 y una enorme facilidad de manejo -es apta tanto para los más novatos como para los más expertos- son los argumentos sobre los que se catapulta la D80.
Nos preguntamos si la ausencia de estabilización en el cuerpo o el casi eterno problema de la suciedad del sensor podrán hacer la suficiente mella en la opinión pública como para no hacer de la Nikon D80 una réflex triunfadora.
Información de www.quesabesde.com
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